Uno de los momentos más significativos dentro de la fiesta gremial del mundo fallero es, sin duda, la creación de los ninots, un proceso que combina tradición, artesanía y creatividad y que representa el verdadero origen de la fiesta.
Los ninots, figuras que forman parte esencial de las fallas, son elaborados por los artistas falleros a partir de un trabajo minucioso que comienza con un boceto previo donde se define la idea y el mensaje de la escena.
























A partir de ese diseño inicial, se desarrolla una maqueta y posteriormente un modelo en volumen, que puede realizarse en barro o directamente en materiales como el poliestireno expandido (corcho blanco), muy utilizado en la actualidad por su versatilidad.
Tradicionalmente, el proceso incluía la creación de moldes de escayola y el uso de cartón piedra, técnica que todavía se mantiene en muchos talleres. Tras el ensamblaje de las piezas, el ninot se lija, se perfecciona y se pinta, dando lugar a figuras llenas de detalle y expresividad.
Más allá de la técnica, los ninots destacan por su carácter satírico: representan escenas que ironizan sobre la actualidad social, política o cultural, convirtiéndose en una forma de expresión crítica propia de las Fallas.
En el contexto de la fiesta gremial, esta fase cobra un valor especial, ya que pone en primer plano el trabajo de los artistas falleros y reivindica el oficio como base de la fiesta. La elaboración de los ninots no solo es un proceso artístico, sino también un acto colectivo que conecta tradición y futuro dentro del gremio.
Así, la creación de estas figuras se convierte en el punto de partida de la celebración, recordando que detrás de cada falla hay meses de trabajo, ingenio y dedicación que dan vida a una de las tradiciones más emblemáticas de València.