La Dra. María Gómez presenta en el MuVIM una nueva forma de reflexionar con el arte en mayúsculas

Dra. Ana Mafé García |La Dra. María Gómez Rodrigo es una artista que ha forjado su carrera profesional desde la Academia y el saber. Es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia y es Doctora en Bellas Artes por la Universidad de Valencia. 

Actualmente desarrolla su pasión por la pintura a través de su puesto como profesora titular del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valencia. También es profesora de Postgrado en el Máster de Patrimonio del Departamento de Historia del Arte.

Su trayectoria como restauradora viene desde 1995 cuando es nombrada Técnico en Conservación y Restauración del Patrimonio Mueble de la catedral de Valencia.

Podemos decir que María Gómez en calidad de artista y académica es especialista en el color, en la pintura al fresco, en pintura quemada, en la creación de anamorfosis y en restauración de pintura medieval, escultura en madera y cartapesta.

Su formación queda avalada por las innumerables publicaciones y conferencias que ha dado a nivel nacional e internacional. Su obra representa no solo el pálpito de emociones que posee la propia artista, sino que además es reflejo de un saber hacer al alcance de muy pocas personas.

ANTECEDENTES A LA EXPOSICIÓN

Quienes hemos seguido la trayectoria de María Gómez en sus últimos trabajos escultóricos expuestos hemos comprobado cómo su obra se ha vuelto un imprescindible si queremos ser capaces de empatizar con el mundo.

Cuando en 2012 se presentó Rebilcaz en Teruel muchas de las personas a las que el arte nos conmueve quedamos admiradas por la potencia de sentimientos expresados a través de unas esculturas despersonalizadas que interpelaban al espectador.

Hay un vacío interior que inunda la sociedad entera y es de vital importancia reconocerlo como propio para poder empezar a evolucionar como seres humanos.

Vivimos en capitales donde se nos puede reconocer a través de nuestro rostro, nuestro iris, nuestras huellas… ¿Pero acaso nos reconocemos a nosotros mismos? ¿Somos capaces de reconocer a nuestros semejantes?

La profundidad de Yo emergía en formato expresionista dentro de un relato que quería denunciar esa falta de empatía, esa soledad plena de cosas que al final deja al ser humano indefenso ante la debacle y los intereses económicos.

El ambiente de la exposición bien podía situarse en un campo de concentración como en una gran superficie repleta de ávidos zombis consumidores. Entre las esculturas se veían rostros serenos pero inertes, sonrisas fingidas y melancólicas… Era fácil identificarse con las piezas de la exposición.

En la ciudad de Zaragoza en 2014 siguiendo con la estela emprendida en Rebilcaz, la artista presenta una serie de imágenes y esculturas en la exposición VOSOTROS que, sin dejar de ser materia inerte, sus pinturas vuelven a cobrar vida frente al público. De nuevo, se establece un diálogo entre la artista y su obra, entre la obra y las personas que la visionan.

Levedad en 2016 pone su acento en la mujer y la seda. Expuesta en la ciudad de Valencia ofrece un canto armonioso en sus formas al tiempo que se muestra diferente en su contenido pues esta vez la voz de lo femenino se recoge de forma clara en sus esculturas. Se deja atrás la quietud inerte.

Frente a esas mujeres representadas puedes escuchar cómo cada una de ellas te explica su momento, su expresión, su fuerza o desesperación en un torrente de cambios continuos.

Una puede sentirse identificada en una de las esculturas o en muchas de ellas a la vez.

En función de cómo se miran, cómo se siente se establece de nuevo ese diálogo interno con la artista. María Gómez logra de nuevo empatizar con su obra y, por ende, con todas aquellas personas que nos asomamos a su legado artístico y lo disfrutamos in vivo.

Su fuerza, su luz nos penetra en la retina.

INVOLUCIÓN

Esta exposición de María Gómez es fruto de un estudio académico riguroso unido a la genialidad en el uso de las técnicas artísticas.

El conocimiento anatómico que presenta cada una de sus creaciones nos lleva a ubicarnos en uno de los primeros cuadros de Rembrandt (La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, 1632) obra analizada por especialistas actuales que han comentado emocionados la exactitud de los músculos y los tendones representados.

Así de contundentes son las esculturas de María Gómez.

Cada pieza refleja en su forma y textura una realidad anatómica que contemporiza con un expresionismo único en su género. María Gómez crea desde su mundo interior un lenguaje plástico reconocible que identifica cada uno de sus trabajos como propios.

Insistimos:

–          No copia, crea desde sus sentimientos, desde sus creencias y reflexiones más íntimas cada actitud manifestada.

Su alto nivel de formación en anatomía hace que puedan adivinarse bajo la piel de las esculturas músculos y tendones como si se tratara de hombres que quieren renacer al mundo.

Todos ellos conforman un relato expositivo de un mismo individuo que, cual crisálida nace, se desarrolla y se transforma libremente en lo que decide ser: un ser social capaz de amarse y de amar.

María muestra su obra a través de la gestualidad del cuerpo como expresión artística dentro de unos cánones anatómicos realistas.

El hombre que vemos encerrado en su escaparate de cristal nos recuerda esa forma de existencia cómoda y de postín que sigue marcando la norma social. Solo quienes se atreven a salir de su confortabilidad crecen interiormente y sienten la fuerza del amor.

En esa línea las investigaciones de António Damásio (Lisboa, 1944) –conocido como el “neurólogo de la emociones” –, frente a la pregunta ¿para qué sirve la felicidad? El responde:

–          Para la vida.

La obra de María da significado a la vida de ese personaje que representa desde la crisálida, pasando por una etapa de crecimiento, de definición, de despertar o de aburrirse de la vida misma.

La capacidad de convertirnos en seres empáticos por definición es lo que nos da carácter de humanos dentro de la variada y heterogenia fauna animal.

Esta obra es un espejo de realidades.

Un puente que la artista establece con el público que recepciona las esculturas con la intención de dialogar, de apelar a estado interno y a la empatía.

La felicidad es indispensable para poder darle sentido a nuestra vida.

El coctel que se necesita para que aparezca es el bienestar, la alegría y la reflexión.

Sin conciencia no hay emoción o sentimiento que produzca el estado de felicidad. Todos estos procesos son tangibles en la obra de María Gómez y son reflejados como instantes o momentos de un hombre.

Elegir la mano en alto que nos espera y representa es indispensable para acabar de sentir la emoción de la vida que hay en la obra.

¿ENCUENTRAS TU MANO AMIGA?

Las manos que emergen de la tierra esconden un sinfín de historias que necesitan ser contadas.

 Las nuevas tecnologías, las llamadas redes sociales, son todo menos sociales porque imposibilitan el deleite del gozo de la vista, de la mirada a los ojos.

Detenerse frente a ese mar de manos supone un ejercicio nuevo: aprender a mirar objetos tridimensionales sin movimiento. Un acto de miradas llevado a cabo desde el exterior del edificio hacia el interior de la exposición, desde arriba hacia abajo, desde dentro de nuestra mente hacia la verdad que expresa cada una de ellas.

Es imposible olvidar la obra de María Gómez.

Creemos que es necesario verla, detenerse y vivirla.

Tiempo empleado en dialogar con el arte en mayúsculas y dejarse llevar por una sonrisa amiga de esa mano que nos llama o de ese hombre al que deseamos acoger y abrazar.

Disfruten, sientan y vivan el relato expositivo que presenta en el MuVIM María Gómez.

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