Qué visitar en Altea

Es uno de los pueblos más reconocibles del Levante. También el más bonito. O al menos así lo cree quien escribe estas líneas. Quizá por haber tenido la suerte de crecer embobada frente a su mar, subiendo sus calles empedradas, recorriendo sus playas más desconocidas y bañándome en ellas, por supuesto. Podríamos decir que el principal atractivo de Altea es haber sabido mantenerse fiel a su esencia a pesar de estar a tiro de piedra de pelotazos turísticos como Benidorm –que siempre merece una visita, por cierto– y ofrecer propuestas estupendas y algunos de los chiringuitos más tentadores de la costa española para celebrar cada día del verano.

Quienes eligen Altea lo hacen atraídos por sus reminiscencias de pueblo pesquero y por la belleza imperfecta de su casco antiguo, donde encontrarás miradores, tiendas de artesanía -también de cerámica, el secreto del nuevo jogging del bienestar- y deliciosas propuestas gastronómicas. Los enamorados de esta joya mediterránea huyen del “todo incluido” y prefieren imaginarse en algo parecido a la isla de Santorini, aunque eso implique calzarse unos tacones para subir los infinitos peldaños y las serpenteantes cuestas que desembocan en su fotogénica iglesia. Aquí el postureo no muere… y nadie se resiste a esta misión suicida.

En Altea se reivindica la pausa, aunque sus noches de verano también inviten al bullicio. Se come de lujo y disfrutar de una cerveza fría en el chiringuito tras un buen baño es el mayor de los placeres. Ni resorts, ni rascacielos. En su lugar, buenas vistas y olor a mar. Empezamos.

Las mejores playas de Altea
En Altea no hay idílicas playas y calas de arena. Para eso será mejor ir a las vecinas Calpe y Benidorm, el ‘skyline’ del Mediterráneo. En su lugar encontraremos cómodas playas de canto rodado sin masificar pero con todos los accesos y servicios a punto. Desde hace cuatro temporadas la Playa de L’Espigó flanquea el icónico paseo marítimo de Altea y sus selectas terrazas. Para reponer fuerzas entre baño y baño, no te pierdas el Chiringuito Nova Beach.

Si continuamos hacia el puerto, llegaremos a la Playa de la Roda, la de toda la vida. Es también de piedra aunque con zonas de arena en los accesos y columpios para los más pequeños. Imperdonable sería marcharse de Altea sin visitar la Playa de la Olla. Solo aquí disfrutaremos del atractivo añadido de las barcas pesqueras que reposan sobre los guijarros.

Un paso más y llegamos a La Solsida, una cala nudista donde el concepto “no molestar” se mantiene todo el año. La Playa del Cap Negret, las rocas de Cala del Soio junto a El Portet, la Cala del Mascarat… Lo mejor será ponerse las cangrejeras y empezar a andar. Además de terrazas y chiringuitos, en esta zona del litoral alteano encontraremos restos de bunkers construidos durante la Guerra Civil española y de un antiguo embarcadero del siglo XIX. También abundan los locales de alquiler material para practicar deporte en la playa: desde padel surf, pasando por los kayaks hasta las motos de agua… que podrás combinar con una ruta de snorkel -sin duda, un destino perfecto si una de tus pasiones es bucear- alrededor de la Isla de la Olla.

Dónde comer en Altea
Si buscamos un lugar en la playa donde disfrutar de sardinas, mejillones -además de deliciosos, son alimentos ricos en hierro que deberías anotar en tu lista vacacional- y otras delicias de la bahía, quédate con estos nombres: Chiringuito Sigarro o Merendero Arrecife. Una opción un poco más exclusiva para saborear un arroz es El Cranc en la Playa de la Olla, todo un clásico. A escasos metros, aunque sin vistas al mar, encontramos Los Jazmines, célebre por su variedad arroces y Ca Joan, maestros en hacer carnes a la brasa como nadie.

Alojamiento en Altea: hoteles con encanto
Para alojarse en Altea existen varias opciones que merece la pena apuntar: el hotel SH Villa Gadea situado a las afueras de Altea y a cinco minutos de la playa; y el hotel boutique La Serena, al pie del casco histórico, muy cerca del paseo marítimo y con un número reducido de habitaciones que garantiza la más absoluta paz y tranquilidad.

Y para completar la ruta…
Recomendamos continuar bordeando la costa hasta el puerto deportivo de Porto Senso y caminar junto a las embarcaciones hasta alcanzar su bar de terraza panorámica -te fascinará si te encanta visitar las mejores terrazas y restaurantes de la Costa Blanca- situado en la punta del espigón. Perfecto para un atardecer de vistas imbatibles de Altea y el Albir con los rascacielos de Benidorm asomando de fondo.

El casco histórico de Altea
Lo cansado y lo bonito de Altea es lanzarse a por la retahíla de escalones y cuestas que componen la subida a su casco histórico. Saltarse este paso sería renunciar a gran parte del encanto ya que cada nueva calle, cada giro, va regalando pequeños miradores con perspectivas únicas de los tejados de Altea, el Peñón de Ifach en Calpe o el ‘skyline’ de Benidorm.

Las calles empedradas y las paredes encaladas, a excepción de alguna pincelada de color en forma de balcón o puerta, son un imán para los viajeros. El primer gran mirador que encontraremos es frente al restaurante Casa Vital. Si continuamos hasta llegar a la Calle Mayor comienzan las tiendas de artesanía, cerámica, ropa, bisutería… así como algunos de los restaurantes más populares.

Los mejores restaurantes del casco histórico de Altea
Después de haber recorrido los mejores restaurantes de Alicante y los locales de moda en Jávea, ahora le llega el turno a Altea. Entre los clásicos encontramos la cocina internacional de Oustau, los arroces y pescados con vistas de La Capella, las pizzas de Stromboli. Cerca quedan también el ceviche, la carrillera y demás ‘tapas de autora’ del icónico Xef Pirata, aunque las noches de verano preferimos pasarlas en la Taberna del Xef, donde persiste el amor por el picoteo gourmet y el producto de mercado, aunque sumando una apetecible terraza.

¿Mono de las mejores hamburguesas? No muy lejos tenemos El bar de confianza, premiado en 2019 con la mejor hamburguesa de la Comunidad Valenciana. En las dos anteriores tienes deberes extra: probar alguna de las variedades de la cerveza artesanal local, Althaia. Y de postre, un helado artesano en Qvo. Créenos cuando decimos que no probarás uno mejor en Altea.

Estamos a un paso de la Plaza de la Iglesia, objetivo de todo aquel que se enfrenta a los escalones de este casco histórico por “culpa” de las dos cúpulas azules tan agradables de contemplar desde cualquiera de las terrazas de esta plaza. Además, durante el verano y al caer la tarde, se transforma en un mercado de artesanía. En sus ‘stands’ destaca la marroquinería, la bisutería, joyas que marcan tendencia, la cerámica… Altea siempre ha estado muy ligada al arte, tanto, que alberga la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández, por lo que será común toparse con talleres y galerías que persiguen las nuevas vanguardias en cada uno de nuestros paseos.

Lo siguiente: asomarnos al mirador de esta plaza y contemplar Sierra Helada, el puerto de Altea, el Albir. Una última recomendación en forma de vistas, esta vez con un cóctel en la mano, será subir a la azotea del bar La Mascarada. Además de disfrutar de su carta y añadir altura a las vistas de la iglesia, no podrás quitar ojo a las decenas de máscaras y objetos exóticos que adornan las paredes de este bar museo, fruto de la vuelta al mundo en barco del capitán Kurt, su fundador, y de Elena, actual propietaria de La Mascarada.

El paseo marítimo y el puerto de Altea
De vuelta a la zona baja de Altea pondremos pie en su paseo marítimo con dirección al puerto. Una vez más, de camino se suceden las direcciones en las que merece la pena hacer una parada para comer. Casa del Mar, 8 de tapes, los arroces del Hotel San Miguel, Ca Jaume… Una vez en el Club Náutico cuesta resistirse al paseo junto a la hilera de mástiles. Justo al lado descansa el Chiringuito Tsunami, perfecto para hacer un alto antes de continuar nuestra ruta hasta El Albir -donde se encuentra uno de los faros más bonitos de España-. Y si queremos darnos un baño, la playa Cap Blanch se ha ganado a pulso ser el mejor nexo entre ambas localidades.

Qué visitar cerca de Altea
La mejor toma de contacto con Sierra Helada será recorrer el Camino del Faro de apenas dos kilómetros y medio de largo y salpicado por minas de ocre, pequeñas calas poco conocidas y un mirador espectacular.

Los amantes del senderismo -aquí tienes una guía para iniciarte en su práctica- encontrarán un reto más pronunciado al completar la ruta del ‘forat’ de la Sierra de Bernia, con su túnel excavado en la roca. A la hora de combatir el calor, las Fuentes del Algar en Callosa d’en Sarrià son una apuesta en firme gracias a las piscinas naturales y cascadas que brotan en el nacimiento de este río. El Castillo de Guadalest, Villajoyosa… Son muchas las localidades e infinitas las actividades de las que podremos disfrutar durante todo el año en la Costa Blanca. Y, pase lo que pase, en Altea siempre encontraremos una razón para volver.

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