Jóse Antonio Ortega Lara, el héroe que surgió del frío

José María Llanos Pitarch (Profesor de Derecho en Universidad de Valencia)
José María Llanos Pitarch. (Profesor de Derecho en Universidad de Valencia)

Cuando se cumplen 20 años de la liberación de Ortega Lara, secuestrado por ETA durante 532 días, y encerrado en un frío zulo de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 de altura interior, vienen a mi mente muchas sensaciones agridulces que quiero compartir.

José Antonio, un gran demócrata y un ejemplar español, ha sido uno de los referentes fundamentales por los que me embarqué en el gran proyecto de VOX: por el programa que presentaba, y del que tan necesitados estamos; y porque estaba precisamente él en este proyecto, del que me siento tan orgulloso. Ortega Lara es un hombre sencillo, inteligente, amable, sosegado, lo que podría considerarse un hombre “normal y sin aspavientos”. Pero hoy en día parece que la normalidad está desfasada; hoy todo está irritado, encendido, removido, enfrentado. Hoy no se puede creer en la libertad, en la democracia, si no “juegas” en el equipo de los que siempre tienen algo que reivindicar por la fuerza, ya sea verbal o física: con escraches, con insultos, con amenazas, con imposiciones, con leyes injustas, con manipulación de la justicia, de los medios de comunicación, de “Clubs Bilderbergs” que deciden quién tiene que gobernar, y a qué político hay que elevar a los “altares”, o qué banco hay que comprar. Hoy, un hombre normal como Ortega Lara, “sigue en el zulo”; hoy, un hombre normal no puede opinar con libertad, no puede creer en libertad, no puede decidir en libertad, no puede actuar en libertad. Hoy, los cómplices de los que le secuestraron –e incluso algunos muy cercanos a aquéllos-, campan a sus anchas, ocupan asientos en el Congreso y en otros parlamentos, y nos siguen secuestrando la esperanza, la dignidad, la democracia. Hoy se ha olvidado a Miguel Ángel Blanco, a Gregorio Ordóñez, a Fernando Múgica, y a otros más de 800 españoles asesinados por ETA. Y hoy, los verdugos son las “víctimas”, y las verdaderas víctimas no tienen derechos. Nos dicen, a quienes no comulgamos con ruedas de molino con el “pensamiento único”, que defendemos el recorte de las libertades porque ellos han decidido que la libertad es pensar como ellos “dicen”. Hoy vivimos en “un mundo al revés”. Y por eso Ortega Lara sigue secuestrado, pero con una diferencia: hoy Ortega Lara no está solo en el cautiverio, ya que la inmensa mayoría del pueblo español está metido en el mismo zulo con él.

A José Antonio le arrebataron su familia, su trabajo, su libertad de elección, de decisión; y ahora nos secuestran a los españoles nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra libertad. José Antonio fue un ejemplo para todos de dignidad y de perdón frente a un acto terrible; pero hoy, ese secuestro es permanente y continuado: porque se habla de derechos y se ataca al más débil (al niño no nacido); se habla de libertad y se dictan leyes que sancionan y persiguen a quienes no estamos de acuerdo; se insiste en el progreso y nos estamos hundiendo en el lodo del totalitarismo y de una oligarquía de casta y de caspa, que creíamos haber superado hace más de 100 años del fracasado marxismo cultural que impregna la más malvada y grosera ideología de género; se manosean conceptos como igualdad, respeto, solidaridad, y sin embargo nunca nuestra sociedad ha sido más desigual, más irrespetuosa y menos solidaria: las familias perseguidas, los niños adoctrinados por políticos de pacotilla, los ancianos olvidados, los dependientes desatendidos, las mujeres usadas como objetos, los pobres más pobres, y los ricos más ricos.

José Antonio es un héroe, SÍ; y lo es no sólo porque sobrevivió a 532 días de terror, de no saber qué iba a pasar, de cómo estaría su familia, o de cuándo le iban a matar; lo es, fundamentalmente, porque ha tenido fe, y la hombría, la gallardía y la fortaleza de sobreponerse a las horribles circunstancias que le tocó vivir: sin resentimiento, sin rencor, sin odio, pero con un firme compromiso con su país, con su sociedad, con su tiempo. Ortega Lara hizo grande al Partido Popular –como otras personas, entre las que he de referirme necesariamente a Santiago Abascal-, porque le aportaba dignidad, valor, y compromiso con España. Y Ortega Lara tuvo que abandonar el Partido Popular, para no perder su dignidad, su valor y su compromiso con España. Y después de tanto sufrimiento, tanto desengaño, y tan largo camino por recorrer, este hombre “normal” sigue siendo un héroe, porque como él mismo dijo hace algo más de un año: por el futuro, por nuestros hijos, por nuestra sociedad, por España, no hay que tener miedo, sino que “hay que atreverse a tocar otra melodía”.

Querido José Antonio: muchas gracias. Eres para mí un ejemplo, y me siento orgulloso de ser tu compañero; y pido a Dios que un día puedas decir que también es un orgullo para ti compartir, con otros muchos hombres de bien y conmigo, el mejor -el único- proyecto para España y para nuestros ciudadanos: los que se esfuerzan, los que trabajan por el futuro, los que respetan, los que luchan, los que aman, los que perdonan, los que se mueven, los que alzan la voz por los más necesitados. En definitiva, los verdaderos “héroes”: los hombres “normales”.

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