Cuestión de Fe, y los granotas la tuvieron. Levante 2 – Depor 2, tras remontar un 0-2, con goles de Bradhi e Ivi

El Ciutat de Valencia otorgó una fuerte ovación en señal de reconocimiento para despedir con honores a sus futbolistas después de la exhibición ofrecida ante el Deportivo de La Coruña.

 Levante UD: Raúl Fernández; Iván López (Ivi, 64′), Postigo, Chema, Toño García; Jefferson Lerma, Campaña, Bardhi (Doukoure, 84′); Jason, Morales y Álex Alegría (Boateng, 68′).

 RC Deportivo: Rubén; Juanfran, Schär, Sidnei, Luisinho; Mosquera, Guilherme; Cartabia, Çolak (Celso Borges, 53′), Bakkali (Adrián, 60′); y Andone (Bruno Gama, 73′).

 Árbitro: Alberola Rojas (Colegio Manchego).

Incidencias: Amonestó a los levantinistas Campaña (67′) y Morales (68′) y, por parte del Deportivo, a Luisinho (10′) y Fede Cartabia (56′). Expulsó a Morales por doble amarilla (75′).

 Goles: 0-1, min. 5: Fede Cartabia. 0-2, min. 31: Sidnei, de cabeza. 1-2, min. 34: Bardhi, de libre directo. 2-2, min. 83: Ivi, de penalti.

La escuadra que prepara Muñiz se batió con intensidad para rescatar un punto que parecía en entredicho en distintas fases de la confrontación. La masa social quizás realizó un profundo ejercicio de abstracción para distanciar la anécdota de lo que realmente adquiere importancia. No es una conducta habitual, pero en ocasiones en la disciplina del fútbol sucede. La anécdota fue la igualada definitiva en un partido de dominio abrumador por parte del colectivo granota.

Hay partidos, diseminados por el calendario que marca la competición liguera, que trascienden al veredicto que emana del resultado. Algo así aconteció sobre el verde del coliseo del barrio de Orriols. Lo que parece capital fue la imagen irreductible de un bloque coherente y de una lealtad inquebrantable a sus convicciones.

Los jugadores levantinistas abandonaron el verde con el espíritu fortalecido y el alma en paz después del titánico esfuerzo vertido sobre la superficie del campo. Nadie podía reprocharse nada. El empeño fue supremo. El Levante realizó un profundo ejercicio de fe durante los noventa minutos. Hay que tener un punto de valentía y también de coraje y de raza para sobrevivir en un contexto de extremada dificultad. Y su espíritu no fue precisamente atribulado. Hubo convicción y certezas para recuperar un choque de signo amenazador. El empate conllevó el dulce sabor de la victoria por cuestiones más que evidentes.

En cierto modo el encuentro anunció una terrible paradoja que se perpetuó. El Levante se sintió dueño absoluto de la confrontación de norte a sur y de este a oeste, pero sintió el yugo opresor de los goles de Cartabia y de Sidnei, si bien fue capaz de rebelarse a los acontecimientos y a la dureza de los golpes recibidos en inferioridad tras la expulsión de Morales. El grupo local siempre se sintió superior a su adversario, pero no pudo consumar una victoria que pareció merecer. El Comandante ejerció su papel de agitador para lanzar una seria advertencia con el encuentro todavía en maitines. El atacante entró al abordaje por el costado izquierdo para aumentar el voltaje del choque. Fue una amenaza real. Replicó Cartabia con la consecución del primer gol. La diana no turbó a la entidad local. Nada alteró el guion de la confrontación, aunque el gol se convirtió en un paradigma.

El Levante se expresó con consideración y con cierta distinción asido al balón. Por momentos arrinconó al Deportivo sobre su propio perímetro defensivo para gloria de Rubén, excepcional ante la oleada de llegadas de los atacantes blaugranas, pero era el Deportivo quien aumentó la distancia en el luminoso tras un cabezazo de Sidnei en un saque de esquina. La Primera División se manifestó con toda su crudeza. Quizás en el momento de mayor complejidad del encuentro apareció Bardhi. El centrocampista macedonio esconde un misil entre sus botas. Y su mirilla está perfectamente ajustada. Bardhi Se comporta con la virulencia aniquiladora de un francotirador de efectos devastadores. Lo demostró durante la pretemporada y corroboró esta tendencia ante el Dépor. Compactó sus pasos en busca de la escuadra de Rubén. La ejecución fue impoluta. El futbolista no tuvo clemencia. Quizás el mejor Levante de la historia que condujo Juan Ignacio Martínez hiciera del contragolpe un arma letal de supervivencia. El formato que exhibe el bloque de Muñiz es diametralmente opuesto. Hay una querencia por el juego de combinación. Y esa tendencia se plasmó en toda su expresión ante la escuadra gallega.

Es el método escogido para manifestarse en el tiempo presente. Sucedió en el partido ante el Villarreal. El choque ante el Deportivo siguió los mismos parámetros. La fórmula premia la tenencia del balón. Las soluciones son múltiples. El Levante se asocia por dentro y por fuera. Es capaz de ampliar los márgenes del campo con Morales y Jason, más la aportación suplementaria de Iván y Toño, pero también tiene versatilidad para acudir al pase en corto para ir superando líneas con la finalidad de cercar el área visitante. Este hecho habla bien del trabajo global de Muñiz y del proceso de asimilación del colectivo.

Hay una idea y una filosofía que seguir. Y multitud de variantes para hostigar a su rival. Quizás sirva de ejemplo la diana que certificó el empate final. Campaña estremeció el palo con un disparo desde la larga distancia. Ya había avisado de sus intenciones en el primer acto en una jugada similar. El rechace cayó en los pies de Ivi que forzó la pena máxima. La acción que protagonizó Campaña se convierte en un recurso superlativo para herir defensas pobladas y el Dépor, en ese instante de la cita, trataba de sobrevivir a su suerte metido atrás.

La segunda línea genera juego y soluciones. La noticia es excelente. La otra variable afecta a la ascendencia de Ivi. Hay vida en el interior del banquillo azulgrana. Lo sabe Muñiz. La efervescencia del atacante madrileño quedó manifiesta en la pena máxima y en su posterior transformación.

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